Sergio Llull: el retorno

Aviso a navegantes: este artículo va a ser excesivamente emocional y, probablemente, más cursi que un unicornio rosa salpicado de purpurina. Si continuáis leyendo, es problema vuestro. Servidora no asumirá ninguna responsabilidad. Avisados quedáis.

Sergio Llull - Real Madrid - EB17

Ayer se cumplían 258 días desde aquel angustioso día en el que el corazón de los aficionados del Real Madrid del balón naranja se rompió un poco al verte en el suelo, aferrándote a tu rodilla mientras tus gritos de dolor nos ponían los pelos de punta, incluso a través de una pantalla (no quiero ni pensar cómo lo vivieron los que estaban allí). A partir de ese momento, se abría ante ti un camino durísimo, un camino que te iba a poner a prueba, tanto física como mental y emocionalmente. Gracias a tu inmensa generosidad, nos has permitido ver cómo ibas avanzando, aunque estoy segura de que los peores momentos de estos últimos ocho meses te los has guardado para ti. Sin embargo, todos sabíamos que lo lograrías. Que, tarde o temprano, volverías.

Y ayer, por fin, lo hiciste. Volviste. En tu casa, con tu gente. Tal y como te lo merecías.

Y claro, siendo tú, no podías volver así, sin más. No querías tener un papel testimonial, y menos en un partido en el que el equipo se la jugaba. Querías aportar. Querías ayudar. Y lo hiciste. Vaya sí lo hiciste. Si ya habíamos estado con la emoción a flor de piel desde el mismo instante en que se anunció que volverías, si ya habíamos vibrado al verte hacer la rueda de calentamiento, durante la presentación y en tus primeros minutos en pista, tus mandarinas, que tanto hemos echado de menos, nos acabaron de rematar.

El Palacio, España y Europa entera se puso de pie para ovacionarte, mientras tú te liberabas de ocho meses de sacrificio, dolor, frustración y lucha en un grito que hizo temblar los cimientos de ese estadio que se había llenado, en gran parte, para ti. Un grito en el que estaban presentes los últimos 258 días de tu vida. Un grito que se hizo eterno, mientras tus manos se aferraban a la camiseta, al escudo, que has jurado defender.

¿Eres consciente de lo que significas para el Real Madrid? ¿Para sus aficionados? ¿Para tus compañeros? Todos esperábamos ansiosos tu regreso. Y no sólo por lo que das en pista (que también), sino por todo lo que aportas emocionalmente, por lo que implica tenerte de vuelta. Ayer volvió a quedar demostrado. El Palacio vibró como no lo había hecho en años. Tu espíritu nos contagió a todos, incluso a los que estábamos en nuestras casas, a kilómetros de distancia, deseando haber podido estar allí. Y, a pesar de todo, fuiste humilde y generoso con tus compañeros. Podías haber acaparado la atención (y el balón) y nadie te lo habría echado en cara. Era tu día, al fin y al cabo. Pero no. Tú no eres así. Para ti, el equipo es lo primero. Y es precisamente por eso por lo que eres el ojito derecho de la afición.

258 días es mucho tiempo. Sin embargo, eso ya queda en el pasado. El hijo pródigo, el héroe, el corazón del Real Madrid del balón naranja ha vuelto.

Querido Sergio Llull…ya estás aquí. Bienvenido de nuevo.

Imágenes: Emilio Cobos y Euroleague.

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