Opinión: La grandeza del Real Madrid de baloncesto

Tras unas horas de descanso para digerir el subidón del recital que nos ofreció el Real Madrid de baloncesto ayer por la noche ante el eterno rival, procedo a dar mi humilde opinión sobre lo que estamos viviendo en lo que llevamos de temporada.

Si nos seguís desde hace tiempo, seguramente me habréis “oído”decir más de una vez que cuando alguien hiere a la bestia, la bestia ataca. El Real Madrid Baloncesto tenía el orgullo herido. Las derrotas ante Olympiakos (Euroleague), FC Barcelona Lassa (ACB) y CSKA (Euroleague) habían hecho daño al conjunto que dirige Pablo Laso, no sólo porque fueron consecutivas, sino también porque el gen ganador y competitivo de estos muchachos no concibe perder. Cada derrota se les queda clavada en el alma, y siempre hay algún rival que acaba pagando los platos rotos.

Ése fue el Barça Lassa anoche en el Palacio.  Un Barça sin ideas, sin alma. Ganarles de la forma en que se hizo, con tan abultada diferencia en el marcador y disfrutando del baloncesto como se les vio hacerlo a todos y cada uno de los jugadores blancos que pisaron el parquet, es un verdadero regalo. Esa actitud, la pasión y la determinación de no rendirse nunca a pesar decaerse mil veces es lo que hace grande al Real Madrid de baloncesto.

Por suerte, los madridistas del balón naranja cuentan con una serie de jugadores que aportan todas esas cualidades (y muchas más). Campazzo, pese a anotar “sólo” 7 puntos, se sentó con una ovación de gala. Y no fue únicamente por el triplazo que se marcó desde más de 20 metros sobre la bocina del final del segundo cuarto, o por las asistencias de videojuego, ni siquiera por su grandísima visión y organización de juego, sino porque Facundo muestra tal intensidad cuando salta a la pista, vibra con tantísima energía y pasión,que deberían colgarle un cartel de “precaución, no acercarse: animal peligroso en libertad”. Deck, pese a ser más discreto que su compatriota,también se sentó ovacionado por la grada. Estuvo en todas partes, todo rebote suelto caía en sus manos, no dio ni un balón por perdido y se acabó de meter en el bolsillo a toda la afición blanca.

Randolph y Thompkins estuvieron impecables (uno en el primer cuarto, el otro en el último), Carroll y Causeur, pese a que parecía que no hacían mucho ruido, compartieron el MVP del encuentro. Por no hablar de Ayón y Tavares bajo los aros. O de la labor defensiva de Taylor. A quien quizá vimos menos cómodo fue a Llull, pero como sabemos de lo que es capaz el menorquín, no nos preocupa. Ya caerán las mandarinas.

Tras ocho temporadas al frente del Real Madrid Baloncesto, Pablo Laso se mantiene fiel a sí mismo y a su forma de entender y amar este deporte. El equipo por encima del ego. La humildad y el trabajo duro antes que las individualidades. La unión. El hambre de seguir ganando.

Y ésa, queridos amigos y amigas, es la verdadera grandeza del Real Madrid de baloncesto.

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